Amigos
Cuando vio su nombre en el periódico, en la sección cultural, empezó a recordar. Aquel artista había sido su amigo más querido durante muchos años. El colegio, el instituto... Bajó el diario hasta las rodillas, se recostó contra el respaldo y cerró los ojos para ayudarse a pensar. Sabía que habían ido juntos a la primaria de tanto repetir que era su amigo más antiguo, pero no se acordaba de nada más. Hacía tantos años...
Volvió a mirar el artículo y centró su atención en la foto. Los años le habían tratado con crueldad. Tenía el aspecto de alguien quince o veinte años mayor, con su cabello largo blanco y sus profundas arrugas. Si no hubiera sido por el nombre, no lo habría reconocido.
Parecía mentira que se hubiera hecho pintor. El dibujo nunca se le había dado bien. Incluso aquella había sido la razón por la que estudiaron carreras diferentes. El ahora artista siempre había querido ser geólogo; tenía masters y doctorados en universidades tan renombradas como Harvard y había recibido no sé que mención especial por sus conclusiones sobre la depresión del Afar, en Africa oriental. Era extraño que un artículo tan extenso sobre la vida de su amigo no nombrara su base cultural o la influencia de sus viajes en su obra. En realidad, todos esos viajes de estudios y de investigación habían sido la causa de su separación.
¿Y qué habría sido de su mujer? Ella sí que era algo mística; más capaz de montar una exposición de cuadros de ese estilo. Pero él, tan científico, tan práctico y teórico...
Después de comer, cogió su sombrero y su bastón y salió a pasear por la avenida. No dejaba de pensar sobre lo pasajero de la vida. ¿Había cambiado tanto él como su amigo? ¿Había desmontado sus creencias y cambiado sus opiniones con la edad, tan radicalmente y a la vez tan sutil y lentamente que no se había dado cuenta? La única persona que se lo podría decir era su gran amigo el pintor.
Pensando en esto, llegó hasta el salón de exposiciones.
Aunque habían pasado treinta años, él ya había recuperado la amistad perdida y se veía capaz de abrazarle eludiendo todo ese tiempo de separación. Con el periódico bajo el brazo, cruzó el recibidor y el bar. No se fijó en los cuadros ni en la gente y avanzó hacia el artista. Su amigo le miró como uno más y siguió comentando algo con otro hombre que estaba con él. Inesperadamente, pero como algo natural, se despidió del otro con una caricia y un beso en la boca. Le dijo algo en un perfecto francés y se fue.
Había leído algo de homosexuales que se casan y tienen hijos porque cohibidos por la sociedad, inconscientemente se niegan a aceptar que lo son, pero ¿también su amigo?
Con ese beso comprendió que ya no era "su" amigo y que treinta años eran demasiado. No le siguió, ni se presento, ni miró los cuadros. Se marchó, pensativo, a casa.
Por la noche se lo contó todo a su mujer y después le preguntó si tanto puede cambiar la gente. Ella le contestó que no, que seguramente se había vuelto loco; el éxito y todas esas cosas.
Volvió a mirar el artículo y centró su atención en la foto. Los años le habían tratado con crueldad. Tenía el aspecto de alguien quince o veinte años mayor, con su cabello largo blanco y sus profundas arrugas. Si no hubiera sido por el nombre, no lo habría reconocido.
Parecía mentira que se hubiera hecho pintor. El dibujo nunca se le había dado bien. Incluso aquella había sido la razón por la que estudiaron carreras diferentes. El ahora artista siempre había querido ser geólogo; tenía masters y doctorados en universidades tan renombradas como Harvard y había recibido no sé que mención especial por sus conclusiones sobre la depresión del Afar, en Africa oriental. Era extraño que un artículo tan extenso sobre la vida de su amigo no nombrara su base cultural o la influencia de sus viajes en su obra. En realidad, todos esos viajes de estudios y de investigación habían sido la causa de su separación.
¿Y qué habría sido de su mujer? Ella sí que era algo mística; más capaz de montar una exposición de cuadros de ese estilo. Pero él, tan científico, tan práctico y teórico...
Después de comer, cogió su sombrero y su bastón y salió a pasear por la avenida. No dejaba de pensar sobre lo pasajero de la vida. ¿Había cambiado tanto él como su amigo? ¿Había desmontado sus creencias y cambiado sus opiniones con la edad, tan radicalmente y a la vez tan sutil y lentamente que no se había dado cuenta? La única persona que se lo podría decir era su gran amigo el pintor.
Pensando en esto, llegó hasta el salón de exposiciones.
Aunque habían pasado treinta años, él ya había recuperado la amistad perdida y se veía capaz de abrazarle eludiendo todo ese tiempo de separación. Con el periódico bajo el brazo, cruzó el recibidor y el bar. No se fijó en los cuadros ni en la gente y avanzó hacia el artista. Su amigo le miró como uno más y siguió comentando algo con otro hombre que estaba con él. Inesperadamente, pero como algo natural, se despidió del otro con una caricia y un beso en la boca. Le dijo algo en un perfecto francés y se fue.
Había leído algo de homosexuales que se casan y tienen hijos porque cohibidos por la sociedad, inconscientemente se niegan a aceptar que lo son, pero ¿también su amigo?
Con ese beso comprendió que ya no era "su" amigo y que treinta años eran demasiado. No le siguió, ni se presento, ni miró los cuadros. Se marchó, pensativo, a casa.
Por la noche se lo contó todo a su mujer y después le preguntó si tanto puede cambiar la gente. Ella le contestó que no, que seguramente se había vuelto loco; el éxito y todas esas cosas.

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