<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-2577590368984263308</atom:id><lastBuildDate>Mon, 07 Apr 2008 10:56:04 +0000</lastBuildDate><title>TMedia sin control</title><description/><link>http://www.tmedia.es/sincontrol/index.htm</link><managingEditor>Carlos</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2577590368984263308.post-3337495288764894820</guid><pubDate>Mon, 19 Feb 2007 14:40:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-02-19T15:49:19.218+01:00</atom:updated><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>fútbol</category><category domain='http://www.blogger.com/atom/ns#'>opinión</category><title>Cosas de niños (de Jordi Puntí)</title><description>Artículo de "EL PERIODICO" del 19 de febrero de 2007.&lt;br /&gt;&lt;blockquote&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#6633ff;"&gt;Suele decirse que el fútbol es cosa de hombres, pero siempre he sospechado que esta definición esconde una artimaña infantil. Cuando esos rudos defensas argentinos apelan a la hombría para justificar su dureza en el juego, por ejemplo, en realidad están actuando como esos renacuajos de seis años que se sienten mayores porque ya cuentan sus años con las dos manos. No nos engañemos: por su carácter lúdico, el fútbol es en esencia una regresión a la infancia. De acuerdo que el dinero y la competición han magnificado su importancia y lo han revestido de gran negocio mundial, pero cuando los jugadores saltan al campo, todo ese envoltorio queda a un lado y asistimos a un puro retorno a nuestra niñez. Así es como surge la comunión entre futbolistas y público: los jugadores prolongan su edad infantil para correr tras el balón y deleitarnos, mientras que los espectadores les observamos como proyecciones de nosotros mismos. Si nos gusta el fútbol es porque de pequeños nos vestiamos de corto y también jugábamos, mejor o peor, imitando a nuestros ídolos. En nuestra imaginación, el patio de la escuela, el descampado del barrio o incluso el pasillo de nuestro piso, se convertían en el césped del Camp Nou --por poner un escenario-- donde triunfábamos bajo los focos. Ver un buen partido de fútbol, pues, es otra forma de agitar los recuerdos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#6633ff;"&gt;Observados bajo este prisma, se pueden entender mejor los últimos episodios que han turbado la paz del FC Barcelona. Oleguer firmó un artículo en que ponía en cuestión el Estado de derecho, centrándose en el sistema judicial. Acto seguido, cuando los periodistas le pidieron explicaciones, habló de ello en el Camp Nou. La reprimenda que recibió por parte del presidente Laporta se basaba en que había mostrado sus opiniones en las instalaciones del club --territorio sagrado--. En el fondo, quedaba implícito queOleguer había roto esa armonía escolar de todos los vestuarios.En ese entorno, los jugadores pueden mostrar una opinión conjunta, como en las campañas antirracismo, o sumarse en grupo a una iniciativa del club, como visitar a la Moreneta, pero no está bien visto que opinen por su cuenta. Asimismo, la idea de Oleguer como empollón de la clase --alternativo y antisistema, pero empollón porque escribe artículos-- tampoco gusta a muchos aficionados: con sus ideas adultas rompe esa burbuja de ensueño.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#6633ff;"&gt;El segundo caso se encuentra en las antípodas de la situación de Oleguer. Con su negativa a jugar frente al Racing y su posterior explosión de ira, Etoo da una imagen muy infantil. No negaremos que quizá su actitud directa, sin tapujos, responde a&lt;br /&gt;cuestiones culturales, como si su amor propio no le dejara aceptar las convenciones del fútbol profesional, pero al mismo tiempo el jugador se toma tan en serio su papel de niño que se postula como el rebelde de la clase. De ahí que se agarre a todas esas confabulaciones cósmicas para justificarse y que su arreglo tenga que escenificarse en público. "Venga, daos un abrazo...". Etoo es el niño que quiere jugar y, si no le dejan, se lleva la pelota. Laporta, cual padre protector, pide comprensión y amor para el chico. ¿Y Rijkaard, qué papel tiene? En todo este episodio, por suerte, el entrenador aporta su habitual dosis de sensatez.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#6633ff;"&gt;Defensor de una cierta pedagogía moderna, el profesor decide no sacar el látigo. Es más, se sitúa en el centro del huracán y lo debilita con un anuncio feliz: de acuerdo, va a aguantarles a todos; durante una temporada más administrará sus egos. Rijkaard sabe que, por encima de riñas y amistades, al fin y al cabo el equipo muestra una mejoría y la única realidad que cuenta es que se acerca una tanda de partidos importantes. Los exámenes parciales empiezan el miércoles ante el Liverpool. Este es el encanto del fútbol: todos, jugadores y aficionados, queremos seguir siendo niños a pesar de revivir esa congoja de los días de examen.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;/blockquote&gt;</description><link>http://www.tmedia.es/sincontrol/2007/02/cosas-de-nios-de-jordi-punt.html</link><author>Carlos</author></item></channel></rss>